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| the only mortal sin is giving up Sunday, February 8th, 2004 |
La extraña y revulsiva belleza de Annemarie fue un tifón que conmovió a la Europa intelectual de entreguerras. Fascinó a Erika y Klaus Mann, quienes la adoptaron como protegida; menos suerte tuvieron Blaise Cendrars y Carson McCullers (a quien le dedicó su segundo libro, Reflejos en un ojo dorado) al convertirse en su amor imposible. Anais Nin, quien la conoció en Nueva York, quedó tan maravillada con "esta muchacha alta, delgada y sombría", que imaginó que era su alma en pena que la visitaba. Su extraña y desgarradora belleza hizo que Thomas Mann la bautizara para siempre como "el ángel devastado", aunque su fuerza también demostró ser devastadora. Andrógina, historiadora, autora de novelas y relatos, fotografías y reportajes, corresponsal de guerra, viajó por Africa y Asia buscando con una sed inagotable algo que se le escapaba. Abrumada por el avance de un mundo absurdo representado por el ascenso del nazismo -contra el que luchó con todas sus fuerzas-, su existencia se verá sesgada por continuas depresiones que las drogas no consiguen mitigar. Su vida se agotará (con el mismo trágico y ridículo de Isabelle) a la edad de 34 años: cayó de una bicicleta a un precipicio en Afganistán en 1942. Es la metáfora final a una época sin sentido. |
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